Hace muchos años una profesora de básica primaria, que por aquel
entonces cubrían y siguen cubriendo todas las materias del curriculum escolar,
nos explicaba a su grupo de alumnos los factores que modificaban el clima. Nos
refirió que factores como la altitud, la distancia entre el ecuador y cualquier
otro punto del planeta, la cercanía al mar o continentalidad, las corrientes de
los océanos, el relieve terrestre y la humedad eran decisivos en el tema, pero
nunca mencionó la gran influencia de los seres humanos en el cambio climático,
ya por desconocimiento o porque en aquel entonces los libros de texto no
incluían esta información o ignoraban este problema.
Por definición, los festivales son eventos que incluyen diferentes
expresiones artísticas y culturales, pero pocos buscan crear conciencia en
estos temas. Esa fue quizás la idea inicial que tuvo – hoy hace 20 años -, la
comunidad de Huasanó al tomar la decisión de iniciar un proceso para salvar las
aguas de su corregimiento, alimentadas por las quebradas Bitaco, La Soledad y
Monserrate, así como de disfrutar de la calidad del aire y de sus vientos, como
recursos naturales preciados y la obligación de protegerlos.
Para celebrar la Vida, el juego, la diversión sana, el esparcimiento
compartido y la grandeza de un niño elevando su cometa, se llega hoy a la
octava versión del Festival de los Buenos Vientos, buscando concientizar en su
comunidad y los miles de visitantes, la importancia del cuidado de estos
recursos.
Visitar a Huasanó es visitar el pueblo más viejo del Valle del Cauca
y la oportunidad para conocer la Capilla de Nuestra Señora del Rosario,
construida desde mediados del siglo XVIII y patrimonio arquitectónico del país;
conocer el Cerro de Cristo Rey para divisar la inmensidad de este Gran Valle y
disfrutar de sus aguas en el Charco Natural de Pailones.
Edgar Cardona B.
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